Dónde Está La Gente

Ayer bajé a la piscina, y para mi sorpresa no había nadie. ¿Dónde estaba la gente? Es raro ya que sea la hora que sea siempre hay alguien y, por lo general, bastante gente.

Lo primero que pensé fue: “genial, la piscina para mí, tranquilidad”. Pero al instante me di cuenta de que podía ser una tarde muy aburrida. El plan que en un principio parecía idílico había tornado en una tarde soporífera al sol.

Pronto recordé que hacía unos días me había descargado una nueva app para encontrar pareja, sports4love. La app me gustaba y ya había hecho match con algunas chicas que me habían gustado y sus perfiles me parecían muy interesantes, los deportes que practicaban eran afines a los míos. Todavía no me había atrevido a hablar con ninguna de ellas y mucho menos haberlas pedido una cita para salir a correr o montar en bici, deportes que me encantaban.

Pero esa tarde me sentía más motivado, podía deberse a que estaba solo, aburrido o a que ese era el día. Recordé también que dentro de la app había una cosa llamada “rayo”. El Rayo consistía en mandar una petición de cita a todos mis matches y el primero que lo aceptase sería con quien tendría dicha cita, además de que la cita tenía que realizarse antes de que acabase el día siguiente. ¡Era emocionante!

Decidí lanzar un rayo para esa misma tarde, para dentro de una hora y media, tiempo suficiente para darme un baño, secarme y prepararme para ello. Lancé un rayo para salir a patinar. Es un deporte que también me gusta y que hago de vez en cuando, además me parecía perfecto para hacerlo en pareja y pasar así el resto de la tarde, y lo más importante, ¿sería con mi media naranja?, pronto lo sabría.

A los 3 minutos de lazar mi rayo, me llegó un aviso de que ya había sido aceptado, ¡qué nervios! (me sorprendió que hubiese sido tan rápido). María había sido quien lo había aceptado y como ya sabía (porque ya le había dado a “like”, María me gustaba.

Me di el baño, me preparé, cogí mis patines y a la hora acordada estaba en el parque cerca de mi casa en el que habíamos quedado. Ahí estaba ella con sus patines ya puestos y una sonrisa en la cara. Eso me encantó, podría decir que esa sonrisa me desarmó, y todos los nervios con los que iba desaparecieron al instante.

Estuvimos toda la tarde patinando, hablando y riendo. Fue de las mejores tardes de mi vida, aunque no os lo creáis. Cuando ya anocheció decidimos ir a una terraza a tomar algo, estábamos hambrientos. Allí continuaron las risas y no paramos de hablar. ¿Mi media naranja? ¡Yo creo que sí!

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