Un Paseo Por Las Nubes

Nunca se sabe qué te puede llegar a gustar o qué puedes llegar a disfrutar. Hace no mucho me animé e hice paracaidismo por primera vez. Era una idea que me rondaba la cabeza, pero hasta que no conseguí liar a unos cuantos amigos más, no la llevé a cabo y, por suerte, no me arrepiento.

Era una mañana soleada y los rayos del sol ya empezaban a generar calor en nosotros, estábamos en un aeródromo cerca de Madrid dedicado a ese fin. Cuando llegamos, lo primero en lo que me fijé fue en la “avionetilla” que había y que no hacía más que despegar con gente y aterrizar al cabo de un rato vacía, para nuevamente repetir el proceso.

Éramos un grupo de tres y todos estábamos nerviosos, íbamos a saltar desde 4.500m de altura, acompañados, pero íbamos a saltar.

Primero, los instructores nos dieron una clase práctica y de seguridad para saber cómo debíamos proceder durante el salto y qué podíamos y no podíamos hacer (seguíamos nerviosos). Una vez terminada la clase, llegó la hora de la verdad. Para nuestra suerte, los monos que nos dieron eran de color amarillo, se nos cruzó un gato negro de camino a la pista y el vuelo en el que íbamos era el número trece. Sí, habéis leído bien, una combinación ideal, así que si sobrevivía a eso, sería inmortal.

A pesar de todas esas señales, nos subimos a la avionetilla (algo de chapa vieja con un motor) y despegamos. El ruido del motor dentro de la cabina era atronador y casi no podíamos hablar entre nosotros, solo intuíamos lo que nuestras caras reflejaban: nervios, muchos nervios.

Tardamos un rato en llegar a la altura adecuada 4.500m. En ese momento uno de los instructores abrió la puerta lateral y… ya era la hora.

Tal y como nos habían explicado los instructores (que eran los que llevaban los paracaídas), nos ataron (cada uno a uno) con unos arneses que llevábamos puestos de tal manera que quedamos encajados entre sus piernas. Nos pusimos en el borde de la puerta con los pies colgando fuera de la avionetilla, ya solo faltaba saltar. Para mi sorpresa, en ese mismo instante, todos los nervios que antes recorrían mi cuerpo habían desaparecido y la carga de adrenalina que llevaba encima me pedía que saltásemos ya. Dicho y hecho, en ese momento me hizo una señal el instructor y saltamos.

Velocidad, cada vez más velocidad, sensación de impresión, de una impresión que nunca había sentido, y sensación de libertad, la libertad que te genera el no controlar lo que estás haciendo y disfrutarlo. Estuvimos cayendo y acelerando durante unos segundos hasta que la velocidad se estabilizó y ya caíamos a velocidad constante. ¡Qué momento!¡Qué segundos!¡Me encantó!

De las mejores sensaciones de mi vida.

Una vez ya estabilizados, las sensaciones seguían siendo increíbles. Estábamos cayendo a más de 200km/h, ¡era como volar!

Pasados unos momentos el instructor me hizo otro gesto, eso suponía que se disponía a abrir el paracaídas, y así fue. Noté un fuerte tirón y en un abrir y cerrar de ojos ya teníamos el paracaídas abierto y caíamos suavemente. Ese fue el instante en el que pude disfrutar de las vistas que ante mí se presentaban. Podía ver la curvatura de la tierra, un mar inmenso de tierras planas que a cada segundo se iban acercando más a mí. Fueron unos minutos increíbles también.

Cuando ya estábamos próximos a tocar tierra y tras uno de los gestos del instructor, reaccioné tal y como nos habían enseñado previamente levantando mis piernas para que cuando tocásemos tierra yo cayera sentado y no me hiciera daño.

Una vez ya en el suelo, me levanté después de desengancharme de mi instructor y nos dimos un abrazo. Estaba pletórico y el resto de mis amigos que habían tomado tierra al lado de nosotros estaban igual. ¡Nos había encantado!

Ese mismo día decidimos que nos queríamos sacar el carnet de salto para que las siguientes veces que saltásemos lo pudiéramos hacer solos sin ayuda de ningún instructor. Y es que una nueva actividad que te ha llamado la atención, en el momento que la pruebas, te puede enganchar, incluso enamorar y convertirse en una práctica habitual que te llene de vida. Y desde sports4love siempre os animaremos a ello.

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